martes, 5 de marzo de 2019


Del sufrimiento a la paz.
Pinceladas del primer capítulo del libro del
 P. Ignacio Larrañaga

La paz es criterio seguro de la presencia de Dios
Lo repite el P. Ignacio en sus charlas

Hay personas que funcionan socialmente bien mediante mecanismos de disimulo (los enfermos no consiguen disimular) o de sentido común, pero interiormente son tristeza y dolor. Estos no son “enfermos”, no tienen síntomas patológicos; pero sufren una agonía mortal, y, con frecuencia, ni siquiera saben por qué.
Pág. 21 de este libro

La clave de la salvación es dejar que las cosas sean como son, contemplando y considerando todas las cosas como buenas.
Pág. 45 del este libro


 He comenzado a leer el libro del P. Ignacio Larrañaga, “Del sufrimiento a la paz” y quiero compartir lo poco que he leído, no sin antes advertir, que no quiero dar lecciones a nadie, pues ya sabéis el dicho: “Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro” y yo no soy más que un discípulo, que está preparándose, a la espera del maestro, que por ahora es Ignacio Larrañaga. Queda mucho por aprender.

Al comenzar, el primer capítulo, en la página 12 del citado libro leemos: “Se dice: mientras haya a mi lado quien sufra, yo no tengo derecho a pensar en mi felicidad.
Estas palabras suenan muy bien, pero son falaces. Tienen una apariencia de verdad; pero en el fondo son erróneas. A la primera observación del misterio humano saltarán a nuestros ojos una serie de evidencias como estas: Los amados aman. Sólo los amados aman. Los amados no pueden dejar de amar.
Sólo los libres liberan, y los libres liberan siempre. Un pedagogo modelo de madurez y estabilidad hace de sus discípulos seres estables y maduros, y esto sin necesidad de muchas palabras. Lo mismo sucede con los padres respecto a sus hijos. Y, por el contrario, un pedagogo inseguro e inhibido, aunque tenga todos los pergaminos doctorales, acaba envolviendo a sus discípulos en un halo de inseguridad.

Los que sufren hacen sufrir. Los fracasados necesitan molestar y lanzar sus dardos contra los que triunfan. Los resentidos inundan de resentimiento su entorno vital. Sólo se sienten felices cuando pueden constatar que todo anda mal, que todos fracasaron. El fracaso de los demás es un alivio para sus propios fracasos; y se compensan de sus frustraciones alegrándose de los fracasos ajenos y esparciendo a los cuatro vientos noticias negativas, muchas veces tergiversadas y siempre magnificadas. Una persona frustrada es verdaderamente temible.

Los sembradores de conflictos, en la familia o en el trabajo, siendo perpetuamente espina y fuego para los demás, lo son porque están en eterno conflicto consigo mismos. No aceptan a nadie porque no se aceptan a sí mismos. Siembran divisiones y odio a su alrededor porque se odian a sí mismos”

Después de este párrafo, que acabáis de leer, ¿Qué puedo añadir yo? Poca cosa ciertamente. Si miramos a nuestro alrededor, no vemos más que reflejos de la última parte del párrafo, incluso, casi “predicadas” por la pantalla de casi todas las televisiones. ¿Dónde están los que aman, los libres, los verdaderos pedagogos, de la vida? Están, cierto es; pero por desgracia, los medios audiovisuales, no amplifican su labor ni su palabra e incluso el “Gran libertador” Jesús de Nazaret, tiene su voz apagada por las voces y hazañas, de los ídolos de turno. Por poner un ejemplo, hace poco vi una entrevista de un famoso presentador de televisión al P. Fortea, que casi se escandalizaba porque el P. Fortea no sabía quién era Messi. El, por supuesto, el presentador se declaraba ateo, así es que aunque hubiera oído hablar de Jesucristo, no lo conocía.

Lo dicho, estoy aprendiendo, espero conseguirlo, irradiar la luz, a la que alude el P. Ignacio, pues según él sólo los iluminados, y aquí no hay que darle el sentido peyorativo que se le da a esta palabra, pueden irradiar luz. En eso estoy y puedo añadir que apenas he leído superficialmente el primer capítulo de este libro, para darme cuenta que es un regalo de Dios, el tenerlo en mis manos, aunque resalto lo que el autor dice: no basta con leerlo, ni releerlo, hay que trabajar, con perseverancia y sin desánimo las tareas que propone. Los frutos serán abundantes, no sólo para nosotros, sino para las personas que viven en nuestro entorno, pues la felicidad se contagia, al igual que el enfado, la agresividad, la M.L. (léase “leche agriada”), el egoísmo y toda clase de pecados capitales.

Una pincelada de esta lectura, un tanto "por encima" la resumo, diciendo que tenemos que empezar por nosotros mismos, como ya he indicado "sólo haremos felices a los demás, si nosotros lo somos", lo cual no implica buscar exclusivamente la felicidad de un modo narcisista, que acaba en el vacío y en la desolación. Tenemos dos caminos en nuestra vida, uno es agonizar, lo que nos lleva a la desolación y a la muerte y otro es vivir, eliminando el sufrimiento.

El hombre, al tomar conciencia de sí mismo, lo llevó a la pérdida del paraíso. Tuvo que aprender a vivir con la aparición del sufrimiento y así hasta nuestros días. Es precisamente la intención del P. Ignacio, mitigar en lo posible este sufrimiento, al escribir este libro y lo expresa del siguiente modo en la página 19, dentro del apartado La maldición de la mente, “… coincidiremos con E. Fromm, que “la mente humana es la bendición y la maldición para el hombre”. Es verdad que la Historia está lanzando sin cesar desafíos… como acabar con las guerras, la pobreza… pero por encima de las altas tareas que la Historia pueda encomendar al hombre, su quehacer fundamental y transhistórico es y será siempre: qué hacer y cómo hacer para llegar a ser dueño de su propia mente, de sí mismo. Dicho de otro modo: qué hacer para que la mente sólo sea fuente de bendición”

A continuación en el apartado Unos amigos para el camino, anuncia que en el capítulo III desarrollará ampliamente “tareas” para ello, anticipando aquí cuatro puntos, o pilares:

1.     Salvarse a sí mismo
2.     Despertar
3.     Paciencia
4.     Poder mental
Mi intención es ahora, es “subrayar” lo que sigue desde la página 19 hasta la 36, sin mayores comentarios, pues como terminaba la entrada, no soy yo nadie para decirle a otro lo que tiene que hacer. Muestro simplemente por donde se puede ir, según la guía que el P. Ignacio Larrañaga muestra en este libro, los pasos los tiene que dar el que busca. Imagínate que estás en tu ciudad y viene un turista que te pregunta por donde se va a la catedral. Se lo explicas  y el turista se sienta en el banco que está próximo. ¿Llegará así a la catedral?
Dicho lo dicho, comenzamos con rotulador fluorescente a subrayar el libro, sin mayores comentarios.
1.- Salvarse a sí mismo. De la página 21 a la 23: “… no se trata de salvar: esto es, una acción dinámica por la que alguien libra a otro de un peligro… Hablamos de salvarse: esfuerzo por el que uno mismo, con sus propios medios, se pone a salvo evitando caer en un peligro o saliendo de una situación mortal…. Nos referimos a ciertas iniciativas que cualquier persona puede utilizar, a modo de autoterapias, para mitigar el sufrimiento… salvarse del miedo, tristeza, angustia, vacío de la vida… Es uno mismo quien puede y debe salvarse asimismo, para adquirir de esta manera la tranquilidad de la mente y el gozo de vivir…

Cuando decimos salvarse no nos estamos refiriendo a enfermedades o disfunciones mentales… Hay personas que funcionan socialmente bien mediante mecanismos de disimulo (los enfermos no consiguen disimular) o de sentido común, pero interiormente son tristeza y dolor. Estos no son “enfermos”, no tienen síntomas patológicos; pero sufren una agonía mortal, y, con frecuencia, ni siquiera saben por qué… Sacan a relucir sus problemas matrimoniales o profesionales; pero… su problema es la sensación que tienen de que la vida se les escapa sin haber vivido… Sin poder explicárselo se sienten asediados por el vacío… sienten una desazón general y un cansancio vital…

Frente a este panorama, salvarse significa ir suprimiendo o disminuyendo las fuentes del sufrimiento, mediante ejercicios y prácticas, [que se darán más adelante en este libro]… y esta sagrada tareas nadie la hará por mí o en mi lugar… En las emergencias de la vida,… nos encontramos con el consejo de un maestro,… con un especialista,… con la veteranía y el cariño de los padres. Entre todos ellos, sin embargo no conseguirán salvarme.
Las orientaciones y consejos no tienen una eficacia salvadora automática por el hecho que provengan de un maestro experimentado… Al final no existe otro “salvador” de mí mismo que yo mismo…”

2.- Despertar. De la página 23 a la 27: “Despertar es el primer acto de la salvación. La conciencia es como una isla, de pocos kilómetros cuadrados, situada en medio de un océano de profundidades insondables y horizontes casi infinitos. Este océano se llama subconsciente”…

El hombre por lo general, es un sonámbulo que camina, se mueve… pero está dormido…a veces da la impresión de ser un títere movido por hilos misteriosos e invisibles.

Es el mar profundo del hombre, el lado irracional que, mediante mecanismos que parecerían sortilegios, lo van llevando en direcciones inesperadas… ¿Funciona todavía la libertad? Cuantas veces el hombre no entiende nada. Y sufre

Sufre porque está dormido… y dormir significa estar fuera de la objetividad… Dormir significa estar fuera de la objetividad… proyectar mundos subjetivos sobre los sucesos exteriores. Las inseguridades y temores son, por lo general, hijos de una obsesión.

… Es preciso despertar. Y despertar es salvarse; es economizar altas cuotas de sufrimiento…, es el arte de ver la naturaleza de las cosas, en uno mismo y en los demás, con objetividad, y no a través del prisma de mis deseos y temores…

Siempre que te sorprendas a ti mismo, en cualquier momento del día  o de la noche, agobiado por la angustia o el temor, piensa que estás dormido o soñando; haz una nueva evaluación de los hechos, rectifica tus juicios… Dedícate asiduamente al ejercicio de despertar. Siempre que te encuentres turbado, levanta la cabeza y sacúdela; abre los ojos y despierta. Muchas tinieblas de tu mente desaparecerán, y grandes dosis de sufrimiento desparecerán.!

3.- Paciencia. De la página 27 a la 34: “… el equipo instintivo (en los animales) los conduce certeramente por los caminos de la supervivencia. No suceda así con el hombre. Una vez nacida, la criatura humana es el ser más desvalido de la creación. Todo lo tiene que aprender…

Aprende en suma a utilizar la inteligencia, en lugar del instinto… y el uso de la inteligencia obliga al hombre a utilizar un complejo proceso de análisis,…todo lo cual involucra grandes incertidumbres e impredecibles emergencias…

Vivir es el arte de ser feliz; y ser feliz es liberarse, en mayor o menor grado, de aquella ansiedad que, de todas formas, seguirá porfiadamente los pasos humanos hasta la frontera final…

Cuando decimos paciencia, queremos significar esfuerzo, orden y dedicación en la práctica de los ejercicios de autocontrol, relajación, meditación… (que más tarde se presentarán en este libro)…

El día menos pensado, cuando crías haber dado pasos decisivos hacia la tranquilidad mental, entras inesperadamente en una fatal crisis de angustia. Cualquier día vas a sentirte hastiado de todas estas “terapias” y caminos de paz, con la aguda sensación de estar perdiendo el tiempo… No te asustes contigo mismo. ¡Despertar!: saber que las cosas son así, y aceptarlas como son, he ahí el misterio de la paciencia. En realidad estás avanzando; pero este ascender está cuajado de retrocesos, vacilaciones y altibajos. Acepta con paz esta realidad...”

4.- Poder mental. De la página 34 a la 36, final del capítulo: “Las cosas existen en la medida que existen en mi mente. Si estás profundamente dormido, nada existe para ti en ese momento. Aunque… esté ardiendo la casa de tu vecino, para ti nada sucede…

Se trata  de adquirir un poder tan omnímodo sobre mi mente, que pueda interrumpir a voluntad su funcionamiento, cuando me dé cuenta que pueda interrumpir a voluntad su funcionamiento cuando me dé cuenta de que está siendo dominada por recuerdos desabridos o memorias dolorosas…
No hay peor prisión ni más dura esclavitud que una mente ocupada obsesivamente por evocaciones quemantes y complejos torturadores. Como mayor libertad de tener a mano la llave que puede abrir y cerrar el curso de la actividad mental. Soberanía quiere decir ser el árbitro de mí mismo, de mi actitud interior….

Este es, pues, uno de los medios más poderosos de liberación. Con este fin (en este libro)  ofreceremos numerosos ejercicios para que el lector, a través de un paciente y constante entrenamiento, pueda alcanzar la capacidad de desconectar a voluntad el motor de su mente, de manera que se apaguen los fuegos y el alma se transforme en un huerto placentero.”

Y hasta aquí, mi subrayado. No sé si ha sido exhaustivo, o se ha quedado corto, o me he pasado. Tú, amigo lector/a, tal vez hubieras hecho otro; pero lo importante es ponerse a caminar. No se puede ir a la catedral, sentado en un banco del parque, por muy bien que se conozca el camino, ni subir a la Peña de Francia, mirando, aunque sea con todos los detalles, el plano del sendero. Es necesario, armase de bastón, buenas botas de montaña, mochila con el agua y, si puede ser una tortilla, con pan, chorizo, lomo, jamón y esto es lo importante: ponerse a caminar por la empinada cuesta. Lo otro tal vez sea accesorio. Hay quien ha subido descalzo, cumpliendo una “manda” a la Virgen de la Peña.
Y ya está. Seamos como Ulises, en el camino hacia Ítaca. Tapémonos los oídos ante los cantos de sirena y sorteando los peligros vayamos a la conquista de la felicidad. Yo el primero. Me está gustando el libro y este primer capítulo ya lo he releído; pero tengo que seguir. Con paciencia y despertando de las anestesias, que nos impone la vida de ahora, que son muchas. No vaya a ser que sabiendo donde está la “perla preciosa”, nos contentemos con las de bisutería.
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lunes, 18 de febrero de 2019


Libros

Todo está en los libros… pero hay que leerlos.

Digo yo



Hace tiempo que ando yo dándole vueltas a la cabeza a este tema de los libros. No es que tenga una gran biblioteca; pero si lo suficientemente grande y para ser realista, me doy cuenta que a estas alturas de la vida, no voy a poder leerlos todos ¿o sí? Por eso, la conclusión es no comprar más; pero claro: siempre hay excepciones: entras en una librería, un amigo te habla de uno que ha salido nuevo y que es muy bueno, etc…
Quería yo centrarme en este tema y no andar por las ramas. El detonante ha sido un magnífico artículo que ha escrito Fructuoso Mangas sobre esto y me ha hecho reflexionar (podéis verlo al final de esta entrada). Y quisiera centrarme en tres puntos: ¿Qué libros he leído? ¿Qué libros estoy leyendo? ¿Qué libros quiero leer?
Aquí dejé el escrito hace dos días; pero unos acontecimientos, que no vienen ahora al caso, me han hecho reflexionar y habiendo descubierto en YouTube las charlas del P. Ignacio Larrañaga, me ha ocurrido como a San Pablo, salvando las distancias, pues mi misión no era perseguir a nadie, ni yo soy San pablo, ni voy a Damasco. Por tanto, no voy a centrarme ahora en los libros exclusivamente y voy a pretender, explicarme, con lo que acabo de iniciar:

Un alto en el camino

La tentación eterna del hombre es la idolatría.  Cualquier criatura: éxito, fuerza, poder y juventud, dinero, belleza, seducen al hombre, y el hombre se deja seducir, y dobla las rodillas, y adora.  Es difícil, por no decir imposible, dedicar la devoción y el tiempo a varios dioses simultáneamente.  Sólo cuando el gusano roe las entrañas de los ídolos, los sueños huyen y se alejan por las sendas pálidas, los muros se vienen abajo, piedra a piedra, y el hombre queda desnudo y desarmado a la intemperie, sólo entonces el hombre está en condiciones de adorar;
y sólo es cuando Dios se levanta como consistencia, firmeza y perennidad.
Padre Ignacio Larrañaga



Es muy fuerte, la cita anterior: “Sólo cuando el gusano roe las entrañas de los ídolos, los sueños huyen y se alejan por las sendas pálidas, los muros se vienen abajo, piedra a piedra, y el hombre queda desnudo y desarmado a la intemperie, sólo entonces el hombre está en condiciones de adorar” Los ídolos son a veces sutiles, incluso engañosos, no parecen tales. La humildad a veces es soberbia camuflada. Creo que era Unamuno el que dijo “No hay mayor soberbia, del que se humilla para ser ensalzado” y a veces así pasa. Bajo la apariencia de bondad, de humildad de mansedumbre, no sabemos exactamente qué es lo que ocurre, y ya que he comenzado con el tema de los libros, diré que he leído varios libros de Jung y de la psicología Junguiana, siendo el tema de la sombra, un tema que me ha interesado y a tal efecto he leído bastantes libros, siendo uno de los mejores  Nuestra cara oculta de Enrique Martínez Lozano, otros sobre el tema son, Nuestra propias sombras de Anselm Grün, otro libro sobre este tema es Como reconciliarse con la propia sombra, el lado oscuro de la persona, de Jean Monbourquette y un clásico es Encuentro con la sombra, recopilación de artículos de varios autores, entre los que se encuentra el propio Jung, este libro se puede encontrar en PDF, y siguiendo con el tema de la psicología junguiana, hay una colección, ya un poco antigua, Paidos Junguiana, de la que tengo varios  y de los que he leído me ha gustado mucho, Equilibrio entre el cielo y la tierra de  Robert A. Johnson y otro, El Retorno de la diosa de Edward C. Whitmont, de esta temática Junguiana también he leído libros sobre sincronicidad. En este mismo blog, tenéis reseña de alguno. Acabo de leer un libro, sencillo;  pero muy denso y aprovechado: C.G. Jung y la tradición hermética de Alejandro Arocha Herrera, publicado por la Universidad Pontificia de Salamanca y por supuesto, libros del propio Jung, Recuerdos, sueños y pensamientos, El secreto de la flor de oro, Respuesta Job, Símbolos de transformación, Arquetipos e inconsciente colectivo, Aión,… muchos de estos libros están en Las obras completas de Jung, publicadas por la editorial Narcea hace pocos años; pero os digo la verdad, leer a Jung directamente es muy bueno para el insomnio y otro día os hablo por ejemplo de libros de matemáticas, o de otro tema.
Y como prometí al principio, podéis leer el artículo de Fructuoso, al que le añado yo, que en internet, se encuentran muchos libros en PDF, sin quitarle, por supuesto mérito al papel, que es la mejor forma de leer un libro, como bien dice él. Podéis leerlo “clicando” en El libro, la gran ventana

domingo, 3 de febrero de 2019


El Guinda

No hablemos de cosas grandes; vivámoslas
S. Cipriano


Si seguís este blog, en la entrada anterior, cuento como el día 23 de enero, tuve el honor de vivir una “sincronicidad” o “diosidencia” (Dios hace las cosas, que decían en mi pueblo), y fue encontrarme con Charo, antigua compañera y siempre amiga, que me comunicó la buena nueva, que Joaquín Díaz, le dedicaba  el editorial de la revista de su fundación a Ángel Carril; pero no para ahí la cosa, ya que un día o dos después, apareció, sin buscarla, la foto, que ilustra esta entrada. Es de Corpus de 1998 y en ella aparece Sebastián Luis, “El Guinda”, lo cual dio pie, a que preparara esta entrada, después de la de Ángel Carril, en honor a él, haciendo notar, que no soy experto en folclore, ni nada por el estilo; pero si aprecio, lo bueno y diría casi, “lo sagrado”, que se descubre con la mística, la cual nos imaginamos, que la viven los monjes, en sus monasterios y sus contemplaciones, al estilo de San Juan de la Cruz  o Santa Teresa de Jesús; pero a la que yo me refiero es a la que se vive en la procesión de Corpus, o en la minerva de La Alberca (Salamanca), que mientras se entona el “Pange Lingua gloriosi”, un tamboril,  a la puerta de la iglesia suena. Mística hay en el ofertorio del 15 de Agosto a la Virgen de la Asunción, en la plaza del mismo pueblo, en que “las danzas”, que interpretan los jóvenes, están dirigidas por un tamborilero. Esa mística, se extiende por nuestros pueblos y tradiciones. No dejemos que se pierda.
Copio una parte de la cita inicial, de la anterior entrada dedicada a Ángel Carril: “«La religión católica siempre distinguió entre dos formas de espiritualidad capaces de elevar al ser humano por encima de las cosas. El misticismo, acentuando la negación de aquellas mismas cosas y utilizando la mente para penetrar directamente en esa “niebla en que se cierne la divinidad”, según palabras de Dionisio Cartujano, y el ascetismo, utilizando el esfuerzo personal”. En el caso del “Guinda”, la mística está en los maravillosos sones, que salían de su gaita y tamboril y el ascetismo, el trabajo duro, que era necesario hacer, en la dura vida de la Sierra. El tamboril, no daba para vivir.
Poco más puedo añadir, salvo volver a copiar un pequeño párrafo de la entrada anterior: Aquí realmente se cumple el “ora et labora” de san Benito, no al estilo de los monjes, sino al estilo de alguien que trabaja duro y sin darse cuenta está orando al tocar el tamboril.
En Internet, hay muchas páginas dedicadas a Sebastián Luis, sólo cito dos: el Blog de Isidro Barcala del Castillo  La Alberca y sus tradiciones  y un emotivo artículo de José Ramón Cid Cebrián, en el blog  El rincón de Jarramplas  y un servidor, ha realizado un vídeo en Youtube , vídeo artesanal, con la foto que muestro más arriba y vídeos antiguos, de los ochenta, así como otras fotos de mi cosecha, y otra que “he guindado” a Isidro Barcala de su blog y por supuesto, el sonido “místico” del “Guinda”

Esperemos  que su memoria perdure

lunes, 28 de enero de 2019



Ángel Carril

«La religión católica siempre distinguió entre dos formas de espiritualidad capaces de elevar al ser humano por encima de las cosas. El misticismo, acentuando la negación de aquellas mismas cosas y utilizando la mente para penetrar directamente en esa “niebla en que se cierne la divinidad”, según palabras de Dionisio Cartujano, y el ascetismo, utilizando el esfuerzo personal para ascender progresivamente a los grados sucesivos de perfección que llevarán al individuo hacia su meta última. Ángel Carril siempre pareció un asceta, convencido de que el trabajo y sus resultados purificaban y elevaban el espíritu por encima de la realidad
Del editorial de la revista  Parpalacio nº 91, 
de la fundación Joaquín Díaz




El pasado día 23 de enero, tuve el honor de vivir una “sincronicidad” o “diosidencia” (Dios hace las cosas, que decían en mi pueblo), y fue encontrarme con Charo, antigua compañera y siempre amiga, que me comunicó la buena nueva, que Joaquín Díaz, le dedicaba  el editorial de la revista de su fundación a Ángel Carril.
En la cita inicial, se ve el trabajo espiritual, que sin duda le inspiró el trabajo material, que fue una obra titánica, de una persona entregada en cuerpo y alma a su trabajo de recopilación del folclore salmantino. Aquí realmente se cumple el “ora et labora” de san Benito, no al estilo de los monjes, sino al estilo de alguien que aglutina su quehacer diario, con el impulso espiritual que dirige su vida. Me atrevo a decir, que fue una persona que alcanzó la “individuación” de la que habla C. G. Jung.
 Su trabajo se podrá ver en Wikipedia. En el editorial de la revista Parpalacio nº 91, de la fundación J.D., un gigante del folclore, Joaquín Díaz, nos descubre a otro gigante, Ángel Carril. Podéis leerlo aquí.
Poco puedo añadir yo, salvo mi admiración a Ángel, del que conservo en la memoria, dos gratos recuerdos, uno en el día de Corpus en La Alberca, no puedo precisar el año; pero fue en los 90 del pasado siglo y otro, en un concierto sobre música sefardí, en la que nos regaló unas hermosas canciones.
Y ya está, sirva esta pequeña entrada como homenaje a él, como investigador incansable de nuestro folclore, tesoro que no podemos perder.

miércoles, 23 de enero de 2019


Continuando…

En el trasfondo de las obras más importantes de J. B. Metz… late la convicción de que "no se puede salvar sentido alguno a espaldas de Auschwitz". El nombre del campo de exterminio polaco, más que el lugar de una catástrofe, es el símbolo del "dolor silente de todos los pobres y explotados del mundo".
Reyes Mate en un artículo de EL PAIS de 1986



Después de reflexionar sobre la situación del mundo, de nuestro país, de nuestro entorno y leer el artículo, del que he sacado la cita inicial, y que podéis leer aquí estoy pensando en romper el borrador, que pensé publicar hace tres días; pero, no lo haré, sino que me servirá de contraste, en el claroscuro del mundo y de la vida. Ya sabéis que no hay luz ni oscuridad, sólo una mezcla de ambas, un conjunto infinito de grises.
Escribía yo en unas hojas desechables, cuando se ponía el sol: “¿Para qué digo que me centro en Cristo, cuando mi actitud es la misma que la del joven del evangelio, que se marchó entristecido porque no era capaz de desprenderse de lo superfluo? Esta es la cruda realidad. Ahora bien, teniendo en cuenta que las cosas son como son y la sociedad es como es y no como nos gustaría que fueran, es necesario volver a plantear la pregunta ¿Qué puedo hacer?” Hasta aquí parte del borrador. Ahora bien, La repuesta puede ser, nada, echarme las manos a la cabeza o algo más creativo. Me viene a la memoria, lo que leí hace unos años en el libro “El equilibrio entre el cielo y la tierra” del analista junguiano Robert A. Johnson, en la página 70, cuando era vigilante forestal, en Estados Unidos, durante la segunda guerra mundial: "…cuando llegamos al lugar del fuego, estábamos sin herramientas, porque el conductor de la camioneta que las llevaba, se había despistado y no llegaba. Nos quedamos allí impotentes, sin una sola pala con la que atacar las llamas. El jefe al ver nuestra actitud, nos increpó:
“No os quedéis ahí, niñatos, ¡haced algo!, siempre hay algo que se puede hacer, aunque sea ¡mearos en él!”...
Eso nos hizo reaccionar y salir de nuestra pasividad,… aunque las medidas no surtieron efecto,… precisamente entonces llegó la camioneta con las herramientas y conseguimos controlar el fuego…
Sí, siempre hay algo que se puede hacer en cualquier situación, no importa lo pequeña que sea la acción. Apliqué ese importante hecho y lo he aplicado el resto de mi vida”
Así pues, respondiendo a la pregunta ¿Cómo puedo hacer que mi vida no contribuya a aumentar la entropía del mundo? La respuesta es tópica: ahorrando, en calefacción, gasolina, etc… que no sirve para nada ¿O sí?, nada si lo hago yo solo; pero ya sabéis el refrán: “grano no hace granero; pero ayuda al compañero” y en el Cálculo Infinitesimal, la suma (integral) de infinitos infinitésimos (cantidad sumamente pequeña) puede dar un resultado finito y… a veces infinito.
Pero eso, con ser importante, no lo es todo. Lo más importante es ¿Cómo debo vivir para que mi centro sea Cristo? Y esto es lo que debe interpelarme. Puedo tomar nota de Mateo 25.
Y si nuestra desesperación llega a cotas insoportables, podemos tomar la actitud de J. B. Metz, llamar a Dios, “aunque sea por señas”, es decir esperar a la camioneta con las herramientas; pero de forma activa, no pasiva.
¡Maranatha!, ¡Ven Señor Jesús!, como termina el Nuevo Testamento

martes, 22 de enero de 2019


¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?

Ken Wilber,… afirma que el escenario espiritual 
de los últimos años en Estados Unidos
ha tenido el peligro de ser una pura regresión narcisista. 
El único objetivo era sentirse bien
Anselm Grün


         Con el título de esta entrada, lo lógico hubiera sido poner, como cita inicial, la famosa cita evangélica del joven rico; pero existe el peligro, que la malinterpretemos, con la historia del vaciamiento, para… sentirnos bien, cuando el vaciamiento, en el evangelio significa todo lo contrario: salir de nuestra zona de confort y partir al encuentro del hermano, sobre todo, al que tiene hambre, sed, está perseguido, etc… pero dejemos el evangelio y procuremos aterrizar en nuestra vida del día a día.

La cita que he puesto al principio es del libro “Encuentra tu equilibrio interior” de Anselm Grün, Sal Terrae 2008, está en la página 38, al principio del capítulo titulado Configura el mundo; pero no permitas que te absorba.

El benedictino Anselm Grün, es un terapeuta jungiano y por ello se ve la dualidad, en sus escritos A; pero B, que es como comienza el título de la mayoría de los capítulos de este libro. Merece la pena que tomemos de este capítulo algunas notas; pero antes, debo corregir que el título de esta entrada debe ser ¿Qué tengo que hacer para que este mundo sea “sólo” un poco mejor? La vida eterna la alcanzaremos, o ya estamos en ello; sin embargo algo hay que hacer, no quedarnos como las “vacas mirando al tren”, mirándonos el ombligo y voy a coger aliento, siguiendo la cita inicial de la citada página: “Pero de semejante espiritualidad, que prescinde de todo lo demás y sólo se mira a sí misma, no emana ninguna fuerza para nuestro mundo. Las personas que cultivan esa clase de espiritualidad… sólo buscan su propio bienestar, pero no tienen ninguna energía para configurar este mando…. Quien sólo se aferra a sus experiencias no puede desprenderse, no es libre para implicarse en el mundo y sus problemas…. Sólo quien va más allá de su ego y entra en contacto con su fundamento interior experimenta la auténtica libertad. Y desde esa libertad puede comprometerse también a favor del mundo.

También el cristianismo como religión de la encarnación ha estado siempre inmerso siempre en este mundo. Ha contribuido a darle forma. Con todo Pablo señaló que la figura de este mundo pasa. Esta perspectiva lleva a aceptar que nuestra actividad en este mundo se encuentra siempre bajo reserva” Esto es importante, pues podemos salir de un ego, para meternos en otro, del engreimiento y pensar que somos maravillosos y no es eso. Termina el párrafo: “Pese a todo, nuestra tarea consiste en colaborar con la configuración de este mundo. No podemos dispensarnos de nuestra responsabilidad en él”. ¿Cómo? No está mal hacernos esta pregunta, aunque no sea fácil la repuesta.

El otro día, mientras contemplaba la puesta de sol, sobre los tejados en frente de mi casa, leía yo este capítulo y decidí escribir un borrador comentándolo. Lo titulé  ¿Mi vida contribuye a disminuir la entropía del mundo?; pero después he pensado que no vale la pena intentar contestar a esa pregunta. Ciertamente cada uno de nosotros contribuye a crear desorden en el mundo; pero  también orden. Recordemos, como creo que he escrito en algún sitio de este blog, que el orden-desorden es una paradoja, según explica  Natán Schwarz-Salant en el libro “La paradoja orden-desorden”  de Ed. Obelisco. En ese borrador, aludía a los tópicos, que no cabe duda que tenemos obligación moral de cumplir: ahorrar agua, ahorrar energía, procurar no usar el coche, etc. Y también hacía la reflexión de que estamos “teledirigidos”, pues es sabido quien ostenta  casi toda la riqueza de la tierra, por ello, hemos de ser muy críticos con lo que hacemos en la vida, no vaya a ser que sin darnos cuenta, seamos una oveja más del rebaño, pastoreado por vete tú a saber quién, cuando en realidad, nuestro único pastor debe ser “El buen Pastor”, que ya sabéis quien es y si no leed el salmo 23: “Yo soy el buen pastor…” y como esto, se puede alargar demasiado, por no cansaros, voy a cortar aquí y seguir este tema en otra entrada; pero antes, voy a copiarme a mí mismo, el párrafo con el que empiezo lo escrito en el borrador:  “¿Mi vida contribuye a disminuir la entropía del mundo? Depende  en cierto modo  del “centro”  que haya elegido, al que aludía en la entada anterior. ¡Qué bonito queda elegir como centro a Cristo!; pero surge inevitablemente una pregunta: ¿Soy consciente de que elegir como centro a Cristo es la antítesis del narcisismo?”, y así queda otra vez la pregunta en el aire, que intentaré responder, aunque no lo consiga en otra entrada.

miércoles, 16 de enero de 2019


El centro

Al principio de  la Edad Media, los cristianos se situaban con Cristo en el centro y los cuatro evangelistas, o sus símbolos en los puntos cardinales.
C.G. Jung, El secreto de la flor de oro. Pág. 39



En la entrada anterior, veíamos como, siguiendo la estrella llegamos a encontrar al Niño, en el que Cristo se encarna; pero a veces, las señales no son tan visibles, o estamos cegados y no las podemos ver. Por eso, desde la periferia y nuestro descentramiento, intentamos entrar en el centro o “castillo interior”, al que aludía Santa Teresa. Eso a veces y casi siempre es un laberinto, a no ser que nos olvidemos y nos preocupemos sólo del “partidazo” o leamos “novelas del oeste” (que creo que ya no están de moda) o encendamos la televisión-basura, que tanto da.

Pero a mí me interesa entrar al “castillo” y  encontrar el centro. Jung, en el citado libro propone hacerlo mediante el “mandala”, y volvemos al libro citado al principio, a la pág. 39: “Si las fantasías son dibujadas, surgen círculos que pertenecen principalmente al tipo llamado mandala. Mandala quiere decir círculo, en especial círculo mágico… En su mayor parte, los mandalas tienen forma de flor, cruz o rueda, con una clara propensión al cuatro, que recuerda la tetraktys pitagórica…” y más adelante, en la página 43: “…todo lo periférico es subordinado al comando  de lo central… Psicológicamente, ese curso circular sería un “dar vueltas en círculo entorno a sí mismo”, con lo cual evidentemente quedan implicados todos los aspectos de la personalidad”. De esta manera, llegamos  alcanzar el centro, como la bola que cae en espiral por la superficie cónica, interior e un embudo, hasta entrar en el agujero del mismo. Y en la misma página y la siguiente,  cuenta la experiencia de Edward Maitland: “…que al reflexionar sobre una idea, se hacían visibles, por decirlo así, ideas afines en largas series, aparentemente hacia atrás hasta su misma fuente, …  el espíritu divino…  con gran fatiga lo logré… Al comienzo sentí como si subiera una larga escalera desde la periferia al centro de un sistema, que al mismo tiempo era el mío propio, el solar y el cósmico. Los tres sistemas eran diferentes, y sin embargo idénticos… por fin, con una última fatiga… logré concentrar los rayos de mi conciencia sobre el ansiado punto focal”.



La conclusión que saco yo particularmente, es que una forma de encontrar el centro es reflexionando, sobre nuestra vida; pero no de una forma atormentada y minuciosa, sino dejando que el subconsciente actúe y mientras tanto dibujar, un mandala, que nos irá conduciendo poco a poco al centro. Particularmente todas las mañanas me gusta dibujar uno, como el que pongo aquí, que lo dibujé ayer. Hoy por cierto no lo he hecho; pero  además y esto es lo más importante: como hemos crecido en una cultura católica, y  si no hemos tirado esas enseñanzas por la borda y no las hemos adecuado a lo que realmente significa, tener a Cristo, por centro, como hacían los cristianos en la Edad Media, nuestro objetivo es “Cristo-centrarnos” y ya está, El guiará nuestros pasos. ¿Cómo?; pues allá cada uno, no hay un único camino. Yo sé uno, que tal vez sea el mejor:  La Eucaristía. ¡Qué mejor mandala que la custodia con la Sagrada forma en el centro!, pero la propuesta es que nos convirtamos en custodias vivientes y que Cristo esté en nuestro centro