jueves, 12 de febrero de 2026

 

La providencia divina

No cabe en cabeza humana que Dios y más el Cristo vayan a dejarnos al margen de su providencia y no tengan preferencias ni planes sobre nosotros, para enriquecernos más, para que participemos más en su felicidad divina; o que al menos no vean, en su visión abarcativa y eterna de los procesos históricos, cual ha de ser el modo mejor de actuar y de vivir para cada ser humano. Y si lo ven, como no puede ser menos, lo quieren para cada uno. Esto es lo que llamamos “su voluntad”.

Luis Cencillo de Pineda en el prefacio del libro Los riegos de la palabra



Partiendo que la vida es un misterio y que el devenir de la Historia con mayúsculas, está dirigida por “una mano poderosa”, a la que solemos llamar Dios y que todo lo que digamos sobre Él es tontería, como dicen los místicos para seguir la vía apofática, tampoco merece la pena buscar definiciones de lo que es la Providencia divina . Es mejor experimentarla. A lo largo de mis muchas años ya vividos, recuerdo momentos puntuales, en que me salvé de accidentes mortales, posiblemente por décimas de segundo y cada día nos enteramos de sucesos, en apariencia simples, como es el cambiarse una viajera de un vagón, el segundo antes del accidente de Adamut, recientemente. Esto nos hace pensar en esa Mano poderosa. Ahora bien, surgen muchas dudas, sobre todo al ver el sufrimiento, injusticias, desórdenes sociales, guerras, calamidades, que nos interpelan y pensamos que la providencia es mero azar, al que le toca, bien, al que no que se fastidie. Ya se trató esto en el libro de Job; pero no se ha resuelto.

Sea lo que sea, tenemos que confiar en el Señor, pase lo que pase. Lo que viene conviene, dice un dicho popular.

Otra forma de percibir la Providencia divina son las Sincronicidades, que hay quien las llama “diosidencias”, en lugar de coincidencias significativas. La definición que dio C. G. Jung a mí no me dice nada y además no la entiendo. Yo sólo veo la acción de “La mano poderosa”.

viernes, 6 de febrero de 2026

 

Lo natural y lo sobrenatural.

(I)                        Introducción

Hay que buscar el equilibrio, teniendo siempre presente al Señor, no sólo cuando rezamos o meditamos, sino en cada momento, en cada cosa que emprendamos por la “acción nuestra”, que según Francisco Martí  es el cumplimiento de los deberes, en el estado de vida en que me encuentro. Ahora bien, los deberes de estado me especifican como debo guardar los Mandamientos de la Ley de Dios... Y ¿no está  ahí manifiesta la voluntad de Dios?

Este artículo se escribió en 2014 y quedó alvidado en un disco duro



Pues bien abundando en esa idea, que Santa Teresa resumía maravillosamente con la famosa frase “Dios anda entre los pucheros y cacerolas”, en el mundo de la hostelería podríamos decir, también entre las ecuaciones, logaritmos, sintaxis, recreos, clases,...  en el mundo de la enseñanza, entre semáforos, coches camiones, peatones, motos,... en el mundo de la circulación, entre ordenadores, programas, internet, Facebook,...  en el mundo de la informática. En la sanidad, entre sondas, fonendos, gasas, algodones, bisturís... ¿Para qué seguir? Se entiende de sobra. ¿O no? Parece que algunos no acaban de entenderlo y separan lo natural de los sobrenatural.

Una compañera de la Escuela de Teología, Mª José Moreda, a la que agradezco el gesto,  y no por casualidad, pues es sabido que esta no existe, me ha dejado el libro “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota) y en la página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo “sobrenatural”, unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este artículo.  En dicho libro aparece una frase genial de Santo Tomás de Aquino: “Dios no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro propio bien” y muchas veces así actuamos,  anteponiendo deberes religiosos a una tarea de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el sufrimiento de alguien.

Después de un mes[1] de comenzar a escribir estas notas se han producido ¡tres sincronicidades tres!

 1.- Terminar de leer dicho libro.

2.- Asistir a misa el día 9 de junio en la Purísima

 3.- Terminar el curso en San Esteban con las cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan

Todo ello me ha llevado a reflexionar, que no pocas veces, miramos al cielo y olvidamos la tierra. No va a ser este por tanto un articulillo, como otras veces y para no cansar al lector (o lectora) voy a hacer una trilogía, tomando como referencia las tres “sincronicidades” y hoy me voy a fijar en la “espiritualidad”, palabra con la que a veces se nos llena la boca.  En el libro que comentamos, en la página 196 podemos leer: “La espiritualidad es positiva y excelente en cuanto que los seres humanos somos espíritu y materia. Y la espiritualidad viene a recordarnos, de una manera o de otra, que el espíritu es importante, por lo que es importante cultivarlo... Pero la espiritualidad es también negativa y detestable... (si) lleva consigo el peligro de entender al ser humano compuesto de dos mitades yuxtapuestas... el espíritu y la materia... De tal manera que el espíritu domine a la materia... hasta incluso llegar a anularla”.

No es fácil expresar estas ideas, que a mí, me han chocado al leerlas en el capítulo 7: “Otra moral, otra iglesia, otra espiritualidad”; pero no hace falta reflexionar mucho, para darnos cuenta que no pocas veces, para buscar mi sosiego espiritual, me estoy olvidando del prójimo. Incluso yo mismo, al escribir estas y otras cosas, no soy práctico... pienso que bien está esto; pero me quedo ahí, sólo en eso.

En la página 199 en este mismo capítulo leemos “Si por espiritualidad entendemos “la vida según el espíritu, es decir la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo” hay razones fundadas para pensar que la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo, tal como nosotros la enseñamos, no se parece mucho a la forma de vida que enseñaba el propio Cristo. Lo que traducido a nuestro lenguaje actual, viene a decir que la espiritualidad que nosotros intentamos trasmitir no coincide con la espiritualidad que trasmitía Jesús

Hace poco celebrábamos  Pentecostés y rezábamos “Envía Señor tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra” y no nos damos cuenta que el Espíritu renueva la faz de la tierra, solo y sólo si, nosotros impulsados por el mismo Espíritu nos ponemos a renovarla y para ello hemos de pensar que la principal tarea, es a la que Jesús se dedicó y que muchas veces, queda oculta entre tanta teología: a quitar o al menos aminorar el  sufrimiento. Para terminar esta primera parte voy a copiar un largo párrafo de la página 213 del apartado “la genialidad de Jesús”, en la conclusión del libro: “La genialidad de Jesús no se descubre en sus “saberes”. Ni en sus “poderes”. Ni en su elocuencia, ni siquiera en su religiosidad. Por supuesto todo eso fue genial en Jesús; pero ninguna de estas cosas es lo que nos acaricia y nos inquieta al mismo tiempo. La genialidad de Jesús estuvo en su sensibilidad... no soportó ni el hambre de los pobres (Mt 14, 13-23), ni la abundancia de los ricos (Lc 16, 19-31), ni el sufrimiento de los enfermos (Mt 4, 24-24), ni el desprecio que tenían que soportar los pecadores (Lc 7, 36-50), ni las agresiones a las mujeres (Jn, 8, 2-11), ni la opresión que imponían las leyes religiosas (Mc 7, 1-7), ni el desamparo de los que lloraban a los difuntos (Lc 7, 11-17), ni la vergüenza de los que tenían que ocultar sus miserias (Jn 4, 39-42), ni la situación desesperada de los vagabundos por los caminos (Mt 22, 10; Lc 14, 23-24), ni la situación de los considerados herejes (Lc 10, 30-35), ni la desesperanza de los perdidos en la vida (Lc 15, 12-32), ni el agobio de los que tenían que soportar las leyes religiosas (Mt 11, 28-30)”.

Así pues, cuando oímos en la misa “Señor, danos entrañas de misericordia”,  prestemos atención y tomémoslo en serio. Que no nos suene a rutina, en el “cumplimiento” de oír misa los domingos y fiesta de guardar; pero de esto hablaré en una segunda parte,  a raíz del sermón de Fructuoso Mangas del pasado 9 de Junio.

(II)                     “Danos entrañas de misericordia”

A raíz de terminar de leer el libro, “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), como comenté en la primera parte,  se produjeron dos sincronicidades, relacionadas con la lectura de este libro:        

·         Asistir a misa el día 9 de junio en la Purísima

·         Terminar el curso en San Esteban con las cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan

En esta segunda parte voy a comentar, en relación con el libro la importancia que tuvo el asistir a misa, en la Purísima, con el sermón de Fructuoso Mangas[2].

Tengo que reconocer humildemente, que me he metido en un buen embolado; pero si me aclaro yo y alguien más se aclara con lo que digo., ¡bendito sea Dios!

En la página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo “sobrenatural”, unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este artículo.  En dicho libro aparece una frase genial de Santo Tomás de Aquino: “Dios no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro propio bien” y muchas veces así actuamos,  anteponiendo deberes religiosos a una tarea de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el sufrimiento de alguien.

En el artículo anterior daba  a entender, a raíz de haber terminado de leer el citado libro, que no está tan separado lo natural de lo sobrenatural, (por supuesto, no me refiero a lo “sobrenatural”, trascendente, de los milagros de santos y místicos, quiero andar más por casa) aunque a veces pensemos que son como el agua y el aceite. No, es la cruz, que es una, aunque tiene dos brazos, el vertical, lo sobrenatural y el horizontal, lo natural. Por eso, la espiritualidad bien entendida, no debe  hacernos levitar, sino “andar por casa, socorriendo al huérfano y la viuda” (es una manera de expresarme, aunque la expresión es de tiempos pasados). Hoy, como ayer,  hay mucho que socorrer. Esta mañana he tenido la suerte, de estar en misa en Cabrera y el sacerdote, dijo más o menos lo mismo: La fe sencilla del pueblo, que confía en lo “sobrenatural”, es lo más importante que tiene la Iglesia. También me di cuenta de las necesidades, que llevan a mucha gente a realizar el esfuerzo de una noche caminando, con las inclemencias de una noche de lluvia como esta: enfermedades, situaciones de paro, miedo a despidos... Conste que yo no he ido en la marcha, he ido cómodamente en coche.

Pues bien vayamos a la sincronicidad del día 9 de junio. He de decir que muchas veces que estoy leyendo un libro, el sermón de Fructuoso Mangas, coincide con lo que estoy leyendo o he leído hace poco. Ese día las lecturas eran 1Re 17, 17-24; Salmo 29, Ga 1,11-19 y Lc 7: 11-17, en que se hace hincapié en la resurrección del hijo de una viuda. En la primera lectura, por el profeta Elías y en el evangelio Jesús resucita al hijo de la vida de Naim. Esto me lleva al libro citado: Como dije en al principio, la principal genialidad de Jesús fue su sensibilidad ante el sufrimiento. En la Purísima ese día no se leyeron estas lecturas; pero Fructuoso Mangas, resaltó lo mismo. No recuerdo exactamente cuáles fueron las lecturas,  (mi desorden ha perdido el guión de la misa), sí recuerdo sin embargo que en la primera lectura,  un profeta decía el famoso axioma: “misericordia quiero y no sacrificios” y en el Evangelio Jesús invita a un publicano (“mala gente”) a que lo siga. Jesús ve en el corazón de este hombre “pecador”, un ansia de redención y por eso se compadece de él, independientemente de lo externo. Jesús actúa con misericordia.

Así nos lo hizo ver genialmente Fructuoso, en el sermón e incluso insistió en ello a lo largo de toda la misa, llegando a repetir por tres veces, en el momento, antes de terminar la plegaria eucarística “Señor, danos entrañas de misericordia”.

Y en eso andamos, pidiéndole al Señor, por Jesucristo nuestro Señor que nos la conceda; pues no andamos sobrados de ella y además hace mucha falta en este mundo doliente.

 

III: Superar la dualidad

Al finalizar el curso[3], comencé a escribir  este artículo, pensando en una “trilogía de articulillos”,  a raíz de terminar de leer el libro, “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), y fijándome en las dos coincidencias antes mencionadas y tengo que reconocer humildemente, que me  metí  en un buen embolado; y de hecho no sabía cómo completar la tercera parte de esta “trilogía”. Al final, el largo y cálido verano, se abría ante nuestros ojos y poco a poco se ha ido fraguando el material, con el que “puedo” completar este trabajo.

No voy a comentar las cartas católicas 1ª, 2ª y 3ª de Juan. El P. Rafael, nos lo explicó estupendamente.  Llama la atención la división que había entonces entre las diversas comunidades, que creían en Jesucristo, nuestro Señor. Entonces, ahora y siempre en la historia, división que ha llevado a cruentas guerras. División en la política, economía, sociedad... no hace falta enumerar, cualquiera puede verlo.

Pues bien: Leyendo a E. Martínez Lozano, he vislumbrado la causa de tal proceder histórico. Según este autor “Hace 3500 años, la humanidad ha entrado, colectivamente en, en la fase del ego individualizado, autoconsciente: una fase ya claramente personal. La conciencia humana ha evolucionado hasta constituir un sujeto individual, un ego único y separado de todo y de todos” Y este mismo autor en el libro “Vivir lo que somos, cuatro actitudes y un camino” (Ed. Desclée de Brouwer), en las páginas 72-73 afirma: “El “yo” que carece de fundamento en sí mismo ve al otro como un ser separado. Y dado que la mente no puede operar sino es fraccionando la realidad, el pensamiento dualista es inevitable y, con él, la dicotomía del “o yo o tú”, “o nosotros o ellos”; dicotomía insuperable mientras permanezcamos en el pensamiento, porque ... la mente crea necesariamente una pantalla opaca entre tú y tú y entre tú y los otros; dicotomía además, que encierra un potencial sumamente peligroso ... No es extraño que con este tipo de pensamiento se acabe en la crispación o en el enfrentamiento militar.

La psicología profunda nos enseña que toda dicotomía simplista entre el bien y el mal no es sino un reflejo del mecanismo psicológico de la sombra (colectiva)... Al Qaeda y la Administración Bush (según D. Loy) no son sino dos versiones diferentes de la misma guerra santa entre el bien y el mal ... No debemos olvidar que una de las causas principales del mal en este mundo ha sido el intento humano de erradicar el mal.

Al actuar de ese modo, olvidamos que, en realidad, la lucha tiene lugar en el interior de cada uno de nosotros. Por eso, sólo el reconocimiento del “otro” como un igual y el desarrollo de una relación de mutuo enriquecimiento podrá ser la solución. Todos los sabios han trasmitido esta lección. ... “No devolváis mal por mal” recomendaba Jesús”.

Esta misma conciencia “egóica”, es la que nos hace ver a Dios separado de nosotros mismos, como “otro”, sin caer en la cuenta que “Somos templos vivos del Espíritu Santo”, es decir, que Dios es/está en mi, que es “atemporal” y por la misma causa, está en todos. Aquí tiene sentido la cita de Mt 25, 40 “Lo que hacéis al otro a mí me lo hacéis...” Teniendo en cuenta esto, tiene sentido “Santificar el momento presente”, tiene sentido la cita evangélica “El Padre y yo somos uno”.

Dios está en el “presente”, así lo han visto los místicos. La mente no puede encontrar a Dios, bien lo vio Santo Tomás, cuando ordenó quemar sus escritos al final de su vida. A Dios hay que sentirlo, más que adorarlo. De esta manera podemos tener “entrañas de misericordia

En la última entrevista a la pregunta “Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?”, el papa Francisco contesta: “... tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por decirlo así es hoy. Por eso las lamentaciones jamás nos ayudan a encontrar a Dios. Las lamentaciones que se oyen hoy sobre cómo va este mundo “bárbaro” acaban generando en la iglesia deseos de orden, entendido como pura conservación, como defensa. No: hay que encontrar a Dios en nuestro hoy”.

Cuando clamamos  “¡Ven Señor Jesús!” estamos rogando, de forma inconsciente,  superar este estado dual y conflictivo y, aunque me salga del terreno religioso, puede que estemos cerca de ello. La humanidad está a punto de cambiar de paradigma.  Y vuelvo a citar a E. Martínez Lozano: “Según K. Wilber estamos a punto  de que el “yo-racional” dé paso al “yo-integrado”, en la persona que ha integrado y unificado las dimensiones de cuerpo-mente-imagen-sombra-ego. Si bien este proceso se ha dado a lo largo de la historia humana en personalidades individuales”.

Mientras tanto, hemos de tomar una actitud humilde, como el publicano de la parábola. Sólo así podremos hacer de “buenos samaritanos”, con “entrañas de misericordia y cuando recibimos a Jesús Sacramentado, no olvidar, como dijo nuestro obispo D. Carlos en el encuentro de cofradías de Villoria, que recibimos, al enfermo, al emigrante, al pobre, ... en definitiva al “otro”.

Pedro Becerro Cereceda



[1] Después de 12 años, he  encontrado estas notas, olvidadas en el disco duro de mi ordenador

[2] Fructuoso Mangas Ramos fue párroco de la Purísima, junto con José Manuel Hernández, hasta el año 2014. Sus sermones eran geniales por su contenido y la forma de comunicarlo. Falleció, víctima del covid 19 al comienzo de la pandemia en 2020

[3] Curso 2013/14

sábado, 17 de enero de 2026

Tú eres grande Señor, yo soy pequeño

Alabemos y bendigamos al Señor, hoy 


Eres grande Señor, yo soy pequeño.

Te busco en la mañana,

y sé que estás aquí antes del encuentro.

Eres grande Señor, yo soy pequeño.

Te alabo en la mañana,

te alabo desde dentro.

De mi vida quiero que seas el fundamento.

Eres grande Señor, yo soy pequeño.

Tu eres dueño, Señor, del Universo.

Estrellas y galaxias se mueven con tu aliento.

La tierra se despierta al soplo de tu viento.

Eres grande, Señor, yo soy pequeño.

 


sábado, 3 de enero de 2026

 

Cinco gotas del océano

Fragmentos tomados del libro: LA CONTEMPLACIÓN EN LA ACCIÓN (Thomas Merton) del que es autor Fernando Beltrán Llavador (Ed. San Pablo) dentro del apartado Silencio: a la escucha de la palabra (Págs. 97, 98 y 99)

Merton, hizo suya una fórmula que sirve para resumir la actitud que adoptó frente al dilema entre el silencio y la palabra: “El silencio es la fuente y el leguaje la corriente

Cinco son los rasgos fundamentales de la contemplación mística en la comprensión  de Thomas Merton, forjada en ese silencio profundo:

1.     En primer lugar… la contemplación es un camino de vida,… que conduce a una experiencia unitiva… Se rompen las barreras de separación entre el hombre y Dios, sin perder la naturaleza humana en la divinidad… La experiencia mística se resume en la muerte del falso yo para ceder su lugar primordial al verdadero yo… emergiendo el hombre nuevo… El silencio y la soledad adquieren bajo esa luz, una doble función en el camino místico, a la vez como las prácticas preparatorias, o las condiciones para emprender el vuelo, y como elementos constitutivos de la propia experiencia.

2.     La segunda característica del ministerio de Merton, es, como hemos podido comprobar, su carácter apofático. Suscribe la expresión mística de la teología apofática, y adopta sus medios de expresión, mediante el uso de imágenes clásicas, tales como “vacío”, “nada” o “noche” a lo largo de su obra. El camino es “oscuro”, … lleno de renuncias y purgación, … pero no negativo en su concepción mística … pues conduce a una luz sin nombre …

3.     La tercera característica es la asociación frecuente y obligada del hecho místico a la práctica de la caridad … Tanto la soledad como la sociedad sin caridad son enajenación; con ella, por el contrario, son cara y cruz de la liberación escatológica y traducen en el presente una promesa de plenitud final (Kairos) …

4.     La cuarta característica es la deuda de su misticismo con la tradición cristiana, tanto por lo que hace a su aprobación de su lenguaje apofático, como por lo que respecta a las enseñanzas bíblicas y de los padres del desierto …

5.     Por último… La falta de sistematización en su pensamiento místico. Esa ausencia ya es, por si sola, indicativa de que el pensamiento cartesiano y la razón analítica,… no pueden dar cuenta fidedigna de la médula contemplativa del ser humano… Las prácticas ascéticas, insistía, debieran cumplir su papel como medios de ayuda y no confundirse nunca con fines en sí mismas, lo que acabaría con reducir la religiosidad a una rutina estéril … más opresiva que liberadora.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Comentario a Hch 2, 1-21


En los últimos días, dice Dios

concederé mi espíritu a todo mortal:

vuestros hijos y vuestras hijas

hablarán inspirados por mí;

vuestros jóvenes tendrán revelaciones

y vuestros ancianos

soñarán cosas extraordinarias.

 

A los que me sirven,

tanto hombres como mujeres,

otorgaré en aquellos días mi Espíritu,

y hablarán inspirados por mí.

 

Haré prodigios en el cielo

y milagros en la tierra:

sangre, fuego y vapor humeante.

 

Antes de que llegue el día del Señor,

grande y glorioso,

el sol se convertirá en tinieblas

y la luna en sangre.

 

Y todo el que invoque al Señor,

obtendrá la Salvación.



Hch 2 17-21

Más arriba, en Hch 2,14, Pedro toma la palabra y realiza un discurso, que termina con las palabras del profeta Joel citadas anteriormente

En nuestro grupo de Biblia, hace unos días hemos comentado este texto, ayudados con el libro La comunidad del resucitado y que al final de la reunión, nuestro monitor Paco, recalcó tres palabas claves:

·         Promesa: “Estaré con vosotros hasta el fin del mundo”

·        Permanencia: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”

·        Proclamación: “Id y proclamad el evangelio”

Asimismo nos recomendó Paco, que intentáramos hacer las meditaciones de la página 36, en la que se nos invita a una meditación personal, suponiendo que hubiera venido Pedro a nuestro grupo y nos hubiera interpelado.

 En principio, me puse a escribir en una tarde parda y fría, como en la famosa poesía de A Machado, en la que los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales. Yo como un colegial, intentaba escribir; pero mi impresión era que no estaba haciendo bien los deberes y en ese estado de ánimo, me salieron unas reflexiones, un tanto pesimistas. Intentaba responder a esta pregunta del final de la citada página: ¿De qué manera descubrimos la presencia del Espíritu en nuestras vidas? ¿Cómo tratamos de discernir dónde y cómo se manifiesta?

Me disponía a contestar a esta pregunta; pero no lo hice, porque tenía que ir a una conferencia y se me hacía tarde. ¿A qué conferencia?

A una, que daba un profesor Jesuita, de nombre José Luís Bustos, con el título

El maestro está aquí y te llama

Ahí estaba la respuesta

No cabe duda, esa tarde se me manifestó a mí el Espíritu Santo. Me gustaría compartirla; peo no la tengo grabado; pero si tengo el guión de los ¡7 pasos 7! Para responderle, simplemente. Pensando en el prójimo, o sea haciendo el bien, es decir practicando la Caridad, orando con Fe y manteniendo la Esperanza. Y de esta manera se manifestó el Espíritu en mi vida y así contesto a la pregunta ¿De qué manera se manifiesta el espíritu en mi vida y cómo?

A continuación podéis seguir el guión y meditarlo



Si tenemos fe, oremos y el espíritu se manifestará, tal vez no como nuestra voluntad quiera; pero abandonados en la voluntad del Padre, seguiremos nuestra peregrinación en este mundo.

Tal vez no os habéis dado cuenta que el apartado 7 está inspirado  en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Asimismo a lo largo de la charla citó a místicos y santos, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, San Francisco, Santo Domingo de Guzmán… No vino San Pedro; pero vino el P. Bustos.

 





viernes, 7 de noviembre de 2025

 

Dios y los números irracionales

Dios no sólo es un enigma, es una sombra que se mueve siguiendo nuestros pasos y que jamás podemos atrapar. Cuando más pensamos sobre su existencia, más se aleja de nosotros. Permanece en silencio, ausente en las grandes tragedias de la humanidad, sin detener la mano de los criminales que provocan el mal. 3ª de ABC publicado  el 5 de noviembre de 2025 de Pedro García Cuartango,

Estas dos fotografías (tomadas de internet) tiene mucho en común 

   Seguimos con otro fragmento del artículo: “Soy muy consciente de que los creyentes argumentaran que el único camino para escuchar la voz de Dios es la fe. Y explicarán la existencia del mal por el libre albedrío de los seres humanos. No puedo rebatir estas afirmaciones. La fe es una apuesta, una opción personal, tan razonable como el ateísmo o el agnosticismo.

  Abro paréntesis: hay una frase en el hermoso cántico eucarístico “Tantum ergo, dentro del Pange lingua” que dice en latín “Prestet fides suplementum, sensuum defectui”, que significa: ¡Que la fe, complete, lo que la razón no alcanza! Nada más y nada menos. Cierro paréntesis.

   Y a lo que iba: Hace tiempo que le vengo dando vueltas a esto. : ¿Por qué los números irracionales, que tienen infinitos decimales, y son tan escurridizos? Si recordáis, los números se clasifican en naturales, enteros, racionales e irracionales, estos son los Reales y cada número está representado por un punto en la recta, que no tiene principio ni fin. Luego están los complejos; pero no os asustéis, voy a escribir poco de matemáticas.

  Pues bien. Si os habéis asomado, por poco que sea al mundo de las matemáticas, os habréis maravillado por lo que allí se encuentra y que números como Pi, que descubrimos en la escuela primaria, el número aúreo, la sucesión de Fibonacci, con la que está relacionado, el número e, base de los logaritmos neperianos, por poner algún ejemplo, nos abren a un mundo de maravillas, en la que Alicia  se sorprendería más que en su “país”.

   ¿Y que tiene esto que ver con Dios? Ahora lo explico, fijándome en un sencillo número, la raíz de dos, que es un número irracional. Tiene por tanto infinitos decimales. Decíamos unas líneas más arriba que estos números están en la recta, es decir que cada punto de la recta representa un número, luego este no va a ser una excepción, comprobable con un sencillo experimento: si trazamos una recta, la numeramos,,-2,-1,0,1,2…. y sobre el segmento [0,1] construimos un cuadrado, trazamos la diagonal y de paso recordando el teorema de Pitágoras hallamos que la diagonal vale raíz de dos y finalmente cogemos un compás, “pinchamos” en cero y situamos la punta en el vértice opuesto, por tanto la abertura es precisamente la raíz de 2. Ahora lo giramos hacia la derecha hasta llegar a la recta, luego la raíz de 2 está en ella.

   Ahora vamos a buscar ese punto, total, no va a ser difícil, está entre 0 y 1 y afinando un poco más entre1,4 y 1,5 seguimos afinando entre 1,41 y 1,42, seguimos afinando: entre 1,414 y 1,415 y así ¿Hasta cuándo? Cuando yo era profesor le decía en broma a mis alumnos ¡Si vais al infierno, por no saber matemáticas, estaréis toda la eternidad, haciendo esto; pero luego le decía que Dios es bueno y lo único que les podría ocurrir es que tuvieran que examinarse en septiembre.

  Ahora os pido que nos fijemos en lo escrito en la nota de entrada, que aquí reproduzco: Dios no sólo es un enigma, es una sombra que se mueve siguiendo nuestros pasos y que jamás podemos atrapar.

  Este sencillo ejemplo nos da una idea, burda, si queréis de ello; pero yo añado. Si sé que está ¿Por qué me preocupo tanto de  encontrarlo exactamente? La diagonal del cuadrado la aproximo con pocos decimales y me sirve. Y a Dios le digo Padre nuestro que estás en el infinito, acércate tú, que puedes a mí que soy finito y no puedo acercarme a ti.

  Y termino con una sincronicidad, que me ha ocurrido hoy: abro YouTube tuve y sin buscarlo me he encontrado con este vídeo, en el que el autor presenta un libro sobre la Divinidad de Jesucristo, desde un punto de vista científico. Hace pocos años este autor, José Carlos González-Hurtado presentó el libro Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios, en el que en el prólogo podemos leer el epitafio de la tumba del gran matemático Riemann “Para los que aman a Dios, todo es para bien” (Rm 8,28)

martes, 7 de octubre de 2025

 

Oración para librarnos del desorden


Este cuadro, nos recuerda que no podemos poner todo en el pequeño hueco de nuestra vida

A mi mente acuden las ideas, traducidas en versos y en palabras.

¿De dónde vienen?

De tu Espíritu Señor, así lo creo, así como las ondas llegan a la radio.

Mi mente es el receptor; pero hay interferencias.

Aunque si estoy atento y sé escuchar podré sentir tu voz.

Abrumado entre miles de objetos obsoletos, viejos, inservibles, entre tanto texto interesante… para otros que los lean sin el peso del desorden asfixiante.

¿Qué de hacer para que aflore la luz del espacio abierto, prometido en la esencia evangélica perenne?

Si no os hacéis como niños, no entrareis en mi reino, dice el Señor.

Y a un niño no le importa lo que pase después.

Vive el momento, disfruta con correr, saltar, volver mil veces mil a dar la vuelta.

Yo te pido Señor, que como juego me tome esta tarea. Que no mire al mañana preocupado por guardar lo que no sirve.