Lo natural y lo
sobrenatural.
(I)
Introducción
Hay
que buscar el equilibrio, teniendo siempre presente al Señor, no sólo cuando
rezamos o meditamos, sino en cada momento, en cada cosa que emprendamos por la
“acción nuestra”, que según Francisco Martí es “el cumplimiento de los deberes, en el estado
de vida en que me encuentro. Ahora bien, los deberes de estado me especifican
como debo guardar los Mandamientos de la Ley de Dios... Y ¿no está ahí manifiesta la voluntad de Dios?”
Este artículo se escribió en 2014 y quedó alvidado en un disco duro
Pues
bien abundando en esa idea, que Santa Teresa resumía maravillosamente con la
famosa frase “Dios anda entre los pucheros y cacerolas”, en el mundo de la
hostelería podríamos decir, también entre las ecuaciones, logaritmos, sintaxis,
recreos, clases,... en el mundo de la
enseñanza, entre semáforos, coches camiones, peatones, motos,... en el mundo de
la circulación, entre ordenadores, programas, internet, Facebook,... en el mundo de la informática. En la sanidad,
entre sondas, fonendos, gasas, algodones, bisturís... ¿Para qué seguir? Se
entiende de sobra. ¿O no? Parece que algunos no acaban de entenderlo y separan
lo natural de los sobrenatural.
Una
compañera de la Escuela de Teología, Mª José Moreda, a la que agradezco el
gesto, y no por casualidad, pues es
sabido que esta no existe, me ha dejado el libro “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota) y en la
página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo “sobrenatural”,
unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este artículo. En dicho libro aparece una frase genial de Santo Tomás de Aquino: “Dios
no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro
propio bien” y muchas veces así actuamos, anteponiendo deberes religiosos a una tarea
de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a
Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el
sufrimiento de alguien.
Después
de un mes[1] de
comenzar a escribir estas notas se han producido ¡tres sincronicidades tres!
1.- Terminar de leer dicho libro.
2.-
Asistir a misa el día 9 de junio en la Purísima
3.- Terminar el curso en San Esteban con las
cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan
Todo
ello me ha llevado a reflexionar, que no pocas veces, miramos al cielo y
olvidamos la tierra. No va a ser este por tanto un articulillo, como otras
veces y para no cansar al lector (o lectora) voy a hacer una trilogía, tomando como
referencia las tres “sincronicidades” y hoy me voy a fijar en la
“espiritualidad”, palabra con la que a veces se nos llena la boca. En el libro que comentamos, en la página 196
podemos leer: “La espiritualidad es
positiva y excelente en cuanto que los seres humanos somos espíritu y materia.
Y la espiritualidad viene a recordarnos, de una manera o de otra, que el
espíritu es importante, por lo que es importante cultivarlo... Pero la
espiritualidad es también negativa y detestable... (si) lleva consigo el
peligro de entender al ser humano compuesto de dos mitades yuxtapuestas... el
espíritu y la materia... De tal manera que el espíritu domine a la materia...
hasta incluso llegar a anularla”.
No
es fácil expresar estas ideas, que a mí, me han chocado al leerlas en el
capítulo 7: “Otra moral, otra iglesia, otra espiritualidad”; pero no hace falta
reflexionar mucho, para darnos cuenta que no pocas veces, para buscar mi
sosiego espiritual, me estoy olvidando del prójimo. Incluso yo mismo, al
escribir estas y otras cosas, no soy práctico... pienso que bien está esto;
pero me quedo ahí, sólo en eso.
En
la página 199 en este mismo capítulo leemos “Si por espiritualidad entendemos “la vida según el espíritu, es decir
la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo” hay razones
fundadas para pensar que la forma de vida
que se deja guiar por el Espíritu de Cristo, tal como nosotros la enseñamos, no
se parece mucho a la forma de vida que enseñaba el propio Cristo. Lo que
traducido a nuestro lenguaje actual, viene a decir que la espiritualidad que
nosotros intentamos trasmitir no coincide con la espiritualidad que trasmitía
Jesús”
Hace
poco celebrábamos Pentecostés y rezábamos
“Envía
Señor tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra” y no nos damos
cuenta que el Espíritu renueva la faz de la tierra, solo y sólo si, nosotros
impulsados por el mismo Espíritu nos ponemos a renovarla y para ello hemos de
pensar que la principal tarea, es a la que Jesús se dedicó y que muchas veces,
queda oculta entre tanta teología: a quitar o al menos aminorar el sufrimiento. Para terminar esta primera parte
voy a copiar un largo párrafo de la página 213 del apartado “la
genialidad de Jesús”, en la conclusión del libro: “La genialidad de Jesús no se descubre en sus “saberes”. Ni en sus
“poderes”. Ni en su elocuencia, ni siquiera en su religiosidad. Por supuesto
todo eso fue genial en Jesús; pero ninguna de estas cosas es lo que nos
acaricia y nos inquieta al mismo tiempo. La genialidad de Jesús estuvo en su
sensibilidad... no soportó ni el hambre de los pobres (Mt 14, 13-23), ni la
abundancia de los ricos (Lc 16, 19-31), ni el sufrimiento de los
enfermos (Mt 4, 24-24), ni el desprecio que tenían que soportar los
pecadores (Lc 7, 36-50), ni las agresiones a las mujeres (Jn, 8, 2-11),
ni
la opresión que imponían las leyes religiosas (Mc 7, 1-7), ni
el desamparo de los que lloraban a los difuntos (Lc 7, 11-17), ni la
vergüenza de los que tenían que ocultar sus miserias (Jn 4, 39-42), ni la
situación desesperada de los vagabundos por los caminos (Mt 22, 10; Lc
14, 23-24), ni la situación de los considerados herejes (Lc 10, 30-35), ni la
desesperanza de los perdidos en la vida (Lc 15, 12-32), ni el
agobio de los que tenían que soportar las leyes religiosas (Mt 11,
28-30)”.
Así
pues, cuando oímos en la misa “Señor, danos entrañas de misericordia”,
prestemos atención y tomémoslo en serio.
Que no nos suene a rutina, en el “cumplimiento” de oír misa los domingos y
fiesta de guardar; pero de esto hablaré en una segunda parte, a raíz del sermón de Fructuoso Mangas del
pasado 9 de Junio.
(II)
“Danos entrañas de misericordia”
A
raíz de terminar de leer el libro, “Victimas
del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), como comenté en la primera
parte, se produjeron dos
sincronicidades, relacionadas con la lectura de este libro:
·
Asistir a misa el día 9 de
junio en la Purísima
·
Terminar el curso en San
Esteban con las cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan
En
esta segunda parte voy a comentar, en relación con el libro la importancia que
tuvo el asistir a misa, en la Purísima, con el sermón de Fructuoso Mangas[2].
Tengo
que reconocer humildemente, que me he metido en un buen embolado; pero si me
aclaro yo y alguien más se aclara con lo que digo., ¡bendito sea Dios!
En
la página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo
“sobrenatural”, unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este
artículo. En dicho libro aparece una
frase genial de Santo Tomás de Aquino:
“Dios
no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro
propio bien” y muchas veces así actuamos, anteponiendo deberes religiosos a una tarea
de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a
Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el
sufrimiento de alguien.
En
el artículo anterior daba a entender, a
raíz de haber terminado de leer el citado libro, que no está tan separado lo
natural de lo sobrenatural, (por supuesto, no me refiero a lo “sobrenatural”,
trascendente, de los milagros de santos y místicos, quiero andar más por casa)
aunque a veces pensemos que son como el agua y el aceite. No, es la cruz, que
es una, aunque tiene dos brazos, el vertical, lo sobrenatural y el horizontal,
lo natural. Por eso, la espiritualidad bien entendida, no debe hacernos levitar, sino “andar por casa,
socorriendo al huérfano y la viuda” (es una manera de expresarme, aunque la
expresión es de tiempos pasados). Hoy, como ayer, hay mucho que socorrer. Esta mañana he tenido
la suerte, de estar en misa en Cabrera y el sacerdote, dijo más o menos lo
mismo: La fe sencilla del pueblo, que confía en lo “sobrenatural”, es lo más
importante que tiene la Iglesia. También me di cuenta de las necesidades, que
llevan a mucha gente a realizar el esfuerzo de una noche caminando, con las
inclemencias de una noche de lluvia como esta: enfermedades, situaciones de
paro, miedo a despidos... Conste que yo no he ido en la marcha, he ido
cómodamente en coche.
Pues
bien vayamos a la sincronicidad del día 9 de junio. He de decir que muchas
veces que estoy leyendo un libro, el sermón de Fructuoso Mangas, coincide con
lo que estoy leyendo o he leído hace poco. Ese día las lecturas eran 1Re 17,
17-24; Salmo 29, Ga 1,11-19 y Lc 7: 11-17, en que se hace hincapié en la
resurrección del hijo de una viuda. En la primera lectura, por el profeta Elías
y en el evangelio Jesús resucita al hijo de la vida de Naim. Esto me lleva al
libro citado: Como dije en al principio, la principal genialidad de Jesús fue
su sensibilidad
ante el sufrimiento. En la Purísima ese día no se leyeron estas
lecturas; pero Fructuoso Mangas, resaltó lo mismo. No recuerdo exactamente cuáles
fueron las lecturas, (mi desorden ha
perdido el guión de la misa), sí recuerdo sin embargo que en la primera
lectura, un profeta decía el famoso
axioma: “misericordia quiero y no sacrificios” y en el Evangelio Jesús invita a
un publicano (“mala gente”) a que lo siga. Jesús ve en el corazón de este
hombre “pecador”, un ansia de redención y por eso se compadece de él,
independientemente de lo externo. Jesús actúa con misericordia.
Así
nos lo hizo ver genialmente Fructuoso, en el sermón e incluso insistió en ello a
lo largo de toda la misa, llegando a repetir por tres veces, en el momento,
antes de terminar la plegaria eucarística “Señor, danos entrañas de misericordia”.
Y
en eso andamos, pidiéndole al Señor, por Jesucristo nuestro Señor que nos la
conceda; pues no andamos sobrados de ella y además hace mucha falta en este
mundo doliente.
III: Superar la dualidad
Al
finalizar el curso[3],
comencé a escribir este artículo,
pensando en una “trilogía de articulillos”,
a raíz de terminar de leer el libro, “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), y fijándome
en las dos coincidencias antes mencionadas y tengo que reconocer humildemente,
que me metí en un buen embolado; y de hecho no sabía cómo
completar la tercera parte de esta “trilogía”. Al final, el largo y cálido
verano, se abría ante nuestros ojos y poco a poco se ha ido fraguando el
material, con el que “puedo” completar este trabajo.
No
voy a comentar las cartas católicas 1ª, 2ª y 3ª de Juan. El P. Rafael, nos lo
explicó estupendamente. Llama la
atención la división que había entonces entre las diversas comunidades, que
creían en Jesucristo, nuestro Señor. Entonces, ahora y siempre en la historia,
división que ha llevado a cruentas guerras. División en la política, economía,
sociedad... no hace falta enumerar, cualquiera puede verlo.
Pues
bien: Leyendo a E. Martínez Lozano,
he vislumbrado la causa de tal proceder histórico. Según este autor “Hace 3500 años, la humanidad ha entrado,
colectivamente en, en la fase del ego individualizado, autoconsciente: una fase
ya claramente personal. La conciencia humana ha evolucionado hasta constituir
un sujeto individual, un ego único y separado de todo y de todos” Y este
mismo autor en el libro “Vivir lo que
somos, cuatro actitudes y un camino” (Ed. Desclée de Brouwer), en las
páginas 72-73 afirma: “El “yo” que carece
de fundamento en sí mismo ve al otro como un ser separado. Y dado que la mente
no puede operar sino es fraccionando la realidad, el pensamiento dualista es
inevitable y, con él, la dicotomía del “o yo o tú”, “o nosotros o ellos”;
dicotomía insuperable mientras permanezcamos en el pensamiento, porque ... la
mente crea necesariamente una pantalla opaca entre tú y tú y entre tú y los
otros; dicotomía además, que encierra un potencial sumamente peligroso ... No
es extraño que con este tipo de pensamiento se acabe en la crispación o en el
enfrentamiento militar.
La psicología profunda nos
enseña que toda dicotomía simplista entre el bien y el mal no es sino un
reflejo del mecanismo psicológico de la sombra (colectiva)... Al Qaeda y la
Administración Bush (según D. Loy) no son sino dos versiones diferentes de la
misma guerra santa entre el bien y el mal ... No debemos olvidar que una de las
causas principales del mal en este mundo ha sido el intento humano de erradicar
el mal.
Al actuar de ese modo,
olvidamos que, en realidad, la lucha tiene lugar en el interior de cada uno de
nosotros. Por eso, sólo el reconocimiento del “otro” como un igual y el
desarrollo de una relación de mutuo enriquecimiento podrá ser la solución.
Todos los sabios han trasmitido esta lección. ... “No devolváis mal por mal” recomendaba Jesús”.
Esta
misma conciencia “egóica”, es la que nos hace ver a Dios separado de nosotros
mismos, como “otro”, sin caer en la cuenta que “Somos templos vivos del Espíritu Santo”, es decir, que Dios es/está
en mi, que es “atemporal” y por la misma causa, está en todos. Aquí tiene
sentido la cita de Mt 25, 40 “Lo que
hacéis al otro a mí me lo hacéis...” Teniendo en cuenta esto, tiene sentido
“Santificar el momento presente”,
tiene sentido la cita evangélica “El
Padre y yo somos uno”.
Dios
está en el “presente”, así lo han
visto los místicos. La mente no puede encontrar a Dios, bien lo vio Santo
Tomás, cuando ordenó quemar sus escritos al final de su vida. A Dios hay que
sentirlo, más que adorarlo. De esta manera podemos tener “entrañas de misericordia”
En
la última entrevista a la pregunta “Santidad,
¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?”, el papa
Francisco contesta: “... tenemos la
tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en
el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha
ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”,
por decirlo así es hoy. Por eso las lamentaciones jamás nos ayudan a encontrar
a Dios. Las lamentaciones que se oyen hoy sobre cómo va este mundo “bárbaro”
acaban generando en la iglesia deseos de orden, entendido como pura
conservación, como defensa. No: hay que encontrar a Dios en nuestro hoy”.
Cuando
clamamos “¡Ven Señor Jesús!” estamos rogando, de forma inconsciente, superar este estado dual y conflictivo y,
aunque me salga del terreno religioso, puede que estemos cerca de ello. La humanidad
está a punto de cambiar de paradigma. Y
vuelvo a citar a E. Martínez Lozano: “Según
K. Wilber estamos a punto de que el “yo-racional” dé paso al
“yo-integrado”, en la persona que ha integrado y unificado las dimensiones de
cuerpo-mente-imagen-sombra-ego. Si bien este proceso se ha dado a lo largo de
la historia humana en personalidades individuales”.
Mientras
tanto, hemos de tomar una actitud
humilde, como el publicano de la
parábola. Sólo así podremos hacer de “buenos
samaritanos”, con “entrañas de misericordia y cuando recibimos a Jesús Sacramentado, no olvidar, como
dijo nuestro obispo D. Carlos en el encuentro de cofradías de Villoria, que
recibimos, al enfermo, al emigrante, al pobre, ... en definitiva al “otro”.
Pedro Becerro Cereceda
[1] Después de 12 años, he encontrado estas notas, olvidadas en el disco
duro de mi ordenador
[2] Fructuoso Mangas Ramos
fue párroco de la Purísima, junto con José Manuel Hernández, hasta el año 2014.
Sus sermones eran geniales por su contenido y la forma de comunicarlo.
Falleció, víctima del covid 19 al comienzo de la pandemia en 2020
[3] Curso 2013/14











