La providencia divina
No cabe en cabeza humana
que Dios y más el Cristo vayan a
dejarnos al margen de su providencia y no tengan preferencias ni planes
sobre nosotros, para enriquecernos más, para que participemos más en su
felicidad divina; o que al menos no vean, en su visión abarcativa y eterna de los procesos históricos, cual ha de
ser el modo mejor de actuar y de
vivir para cada ser humano. Y si lo ven, como no puede ser menos, lo quieren para cada uno. Esto es lo
que llamamos “su voluntad”.
Luis Cencillo de Pineda en el prefacio del libro Los riegos de la palabra
Partiendo que la vida es un misterio y
que el devenir de la Historia con mayúsculas, está dirigida por “una mano
poderosa”, a la que solemos llamar Dios y que todo lo que digamos sobre Él es
tontería, como dicen los místicos para seguir la vía apofática, tampoco merece
la pena buscar definiciones de lo que es la Providencia
divina . Es mejor experimentarla. A lo largo de mis muchas años ya vividos,
recuerdo momentos puntuales, en que me salvé de accidentes mortales,
posiblemente por décimas de segundo y cada día nos enteramos de sucesos, en
apariencia simples, como es el cambiarse una viajera de un vagón, el segundo
antes del accidente de Adamut, recientemente. Esto nos hace pensar en esa Mano
poderosa. Ahora bien, surgen muchas dudas, sobre todo al ver el sufrimiento,
injusticias, desórdenes sociales, guerras, calamidades, que nos interpelan y
pensamos que la providencia es mero azar, al que le toca, bien, al que no que
se fastidie. Ya se trató esto en el libro de Job; pero no se ha resuelto.
Sea lo que sea, tenemos que confiar en el
Señor, pase lo que pase. Lo que viene conviene, dice un dicho popular.
Otra forma de percibir la Providencia divina
son las Sincronicidades,
que hay quien las llama “diosidencias”, en lugar de coincidencias
significativas. La definición que dio C. G. Jung a mí no me dice nada y además
no la entiendo. Yo sólo veo la acción de “La mano poderosa”.

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