viernes, 6 de febrero de 2026

 

Lo natural y lo sobrenatural.

(I)                        Introducción

Hay que buscar el equilibrio, teniendo siempre presente al Señor, no sólo cuando rezamos o meditamos, sino en cada momento, en cada cosa que emprendamos por la “acción nuestra”, que según Francisco Martí  es el cumplimiento de los deberes, en el estado de vida en que me encuentro. Ahora bien, los deberes de estado me especifican como debo guardar los Mandamientos de la Ley de Dios... Y ¿no está  ahí manifiesta la voluntad de Dios?

Este artículo se escribió en 2014 y quedó alvidado en un disco duro



Pues bien abundando en esa idea, que Santa Teresa resumía maravillosamente con la famosa frase “Dios anda entre los pucheros y cacerolas”, en el mundo de la hostelería podríamos decir, también entre las ecuaciones, logaritmos, sintaxis, recreos, clases,...  en el mundo de la enseñanza, entre semáforos, coches camiones, peatones, motos,... en el mundo de la circulación, entre ordenadores, programas, internet, Facebook,...  en el mundo de la informática. En la sanidad, entre sondas, fonendos, gasas, algodones, bisturís... ¿Para qué seguir? Se entiende de sobra. ¿O no? Parece que algunos no acaban de entenderlo y separan lo natural de los sobrenatural.

Una compañera de la Escuela de Teología, Mª José Moreda, a la que agradezco el gesto,  y no por casualidad, pues es sabido que esta no existe, me ha dejado el libro “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota) y en la página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo “sobrenatural”, unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este artículo.  En dicho libro aparece una frase genial de Santo Tomás de Aquino: “Dios no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro propio bien” y muchas veces así actuamos,  anteponiendo deberes religiosos a una tarea de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el sufrimiento de alguien.

Después de un mes[1] de comenzar a escribir estas notas se han producido ¡tres sincronicidades tres!

 1.- Terminar de leer dicho libro.

2.- Asistir a misa el día 9 de junio en la Purísima

 3.- Terminar el curso en San Esteban con las cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan

Todo ello me ha llevado a reflexionar, que no pocas veces, miramos al cielo y olvidamos la tierra. No va a ser este por tanto un articulillo, como otras veces y para no cansar al lector (o lectora) voy a hacer una trilogía, tomando como referencia las tres “sincronicidades” y hoy me voy a fijar en la “espiritualidad”, palabra con la que a veces se nos llena la boca.  En el libro que comentamos, en la página 196 podemos leer: “La espiritualidad es positiva y excelente en cuanto que los seres humanos somos espíritu y materia. Y la espiritualidad viene a recordarnos, de una manera o de otra, que el espíritu es importante, por lo que es importante cultivarlo... Pero la espiritualidad es también negativa y detestable... (si) lleva consigo el peligro de entender al ser humano compuesto de dos mitades yuxtapuestas... el espíritu y la materia... De tal manera que el espíritu domine a la materia... hasta incluso llegar a anularla”.

No es fácil expresar estas ideas, que a mí, me han chocado al leerlas en el capítulo 7: “Otra moral, otra iglesia, otra espiritualidad”; pero no hace falta reflexionar mucho, para darnos cuenta que no pocas veces, para buscar mi sosiego espiritual, me estoy olvidando del prójimo. Incluso yo mismo, al escribir estas y otras cosas, no soy práctico... pienso que bien está esto; pero me quedo ahí, sólo en eso.

En la página 199 en este mismo capítulo leemos “Si por espiritualidad entendemos “la vida según el espíritu, es decir la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo” hay razones fundadas para pensar que la forma de vida que se deja guiar por el Espíritu de Cristo, tal como nosotros la enseñamos, no se parece mucho a la forma de vida que enseñaba el propio Cristo. Lo que traducido a nuestro lenguaje actual, viene a decir que la espiritualidad que nosotros intentamos trasmitir no coincide con la espiritualidad que trasmitía Jesús

Hace poco celebrábamos  Pentecostés y rezábamos “Envía Señor tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra” y no nos damos cuenta que el Espíritu renueva la faz de la tierra, solo y sólo si, nosotros impulsados por el mismo Espíritu nos ponemos a renovarla y para ello hemos de pensar que la principal tarea, es a la que Jesús se dedicó y que muchas veces, queda oculta entre tanta teología: a quitar o al menos aminorar el  sufrimiento. Para terminar esta primera parte voy a copiar un largo párrafo de la página 213 del apartado “la genialidad de Jesús”, en la conclusión del libro: “La genialidad de Jesús no se descubre en sus “saberes”. Ni en sus “poderes”. Ni en su elocuencia, ni siquiera en su religiosidad. Por supuesto todo eso fue genial en Jesús; pero ninguna de estas cosas es lo que nos acaricia y nos inquieta al mismo tiempo. La genialidad de Jesús estuvo en su sensibilidad... no soportó ni el hambre de los pobres (Mt 14, 13-23), ni la abundancia de los ricos (Lc 16, 19-31), ni el sufrimiento de los enfermos (Mt 4, 24-24), ni el desprecio que tenían que soportar los pecadores (Lc 7, 36-50), ni las agresiones a las mujeres (Jn, 8, 2-11), ni la opresión que imponían las leyes religiosas (Mc 7, 1-7), ni el desamparo de los que lloraban a los difuntos (Lc 7, 11-17), ni la vergüenza de los que tenían que ocultar sus miserias (Jn 4, 39-42), ni la situación desesperada de los vagabundos por los caminos (Mt 22, 10; Lc 14, 23-24), ni la situación de los considerados herejes (Lc 10, 30-35), ni la desesperanza de los perdidos en la vida (Lc 15, 12-32), ni el agobio de los que tenían que soportar las leyes religiosas (Mt 11, 28-30)”.

Así pues, cuando oímos en la misa “Señor, danos entrañas de misericordia”,  prestemos atención y tomémoslo en serio. Que no nos suene a rutina, en el “cumplimiento” de oír misa los domingos y fiesta de guardar; pero de esto hablaré en una segunda parte,  a raíz del sermón de Fructuoso Mangas del pasado 9 de Junio.

(II)                     “Danos entrañas de misericordia”

A raíz de terminar de leer el libro, “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), como comenté en la primera parte,  se produjeron dos sincronicidades, relacionadas con la lectura de este libro:        

·         Asistir a misa el día 9 de junio en la Purísima

·         Terminar el curso en San Esteban con las cartas católicas: 1ª, 2ª y 3º de Juan

En esta segunda parte voy a comentar, en relación con el libro la importancia que tuvo el asistir a misa, en la Purísima, con el sermón de Fructuoso Mangas[2].

Tengo que reconocer humildemente, que me he metido en un buen embolado; pero si me aclaro yo y alguien más se aclara con lo que digo., ¡bendito sea Dios!

En la página 78 podemos leer un apartado titulado “lo natural” y lo “sobrenatural”, unidos definitivamente, del que tomo prestado el título de este artículo.  En dicho libro aparece una frase genial de Santo Tomás de Aquino: “Dios no se siente ofendido por nosotros, si no es porque actuamos contra nuestro propio bien” y muchas veces así actuamos,  anteponiendo deberes religiosos a una tarea de ayuda inaplazable al prójimo, pues pensamos que de otra manera ofendemos a Dios. Recuérdese que a Jesús no le importaba el sábado, si suprimía el sufrimiento de alguien.

En el artículo anterior daba  a entender, a raíz de haber terminado de leer el citado libro, que no está tan separado lo natural de lo sobrenatural, (por supuesto, no me refiero a lo “sobrenatural”, trascendente, de los milagros de santos y místicos, quiero andar más por casa) aunque a veces pensemos que son como el agua y el aceite. No, es la cruz, que es una, aunque tiene dos brazos, el vertical, lo sobrenatural y el horizontal, lo natural. Por eso, la espiritualidad bien entendida, no debe  hacernos levitar, sino “andar por casa, socorriendo al huérfano y la viuda” (es una manera de expresarme, aunque la expresión es de tiempos pasados). Hoy, como ayer,  hay mucho que socorrer. Esta mañana he tenido la suerte, de estar en misa en Cabrera y el sacerdote, dijo más o menos lo mismo: La fe sencilla del pueblo, que confía en lo “sobrenatural”, es lo más importante que tiene la Iglesia. También me di cuenta de las necesidades, que llevan a mucha gente a realizar el esfuerzo de una noche caminando, con las inclemencias de una noche de lluvia como esta: enfermedades, situaciones de paro, miedo a despidos... Conste que yo no he ido en la marcha, he ido cómodamente en coche.

Pues bien vayamos a la sincronicidad del día 9 de junio. He de decir que muchas veces que estoy leyendo un libro, el sermón de Fructuoso Mangas, coincide con lo que estoy leyendo o he leído hace poco. Ese día las lecturas eran 1Re 17, 17-24; Salmo 29, Ga 1,11-19 y Lc 7: 11-17, en que se hace hincapié en la resurrección del hijo de una viuda. En la primera lectura, por el profeta Elías y en el evangelio Jesús resucita al hijo de la vida de Naim. Esto me lleva al libro citado: Como dije en al principio, la principal genialidad de Jesús fue su sensibilidad ante el sufrimiento. En la Purísima ese día no se leyeron estas lecturas; pero Fructuoso Mangas, resaltó lo mismo. No recuerdo exactamente cuáles fueron las lecturas,  (mi desorden ha perdido el guión de la misa), sí recuerdo sin embargo que en la primera lectura,  un profeta decía el famoso axioma: “misericordia quiero y no sacrificios” y en el Evangelio Jesús invita a un publicano (“mala gente”) a que lo siga. Jesús ve en el corazón de este hombre “pecador”, un ansia de redención y por eso se compadece de él, independientemente de lo externo. Jesús actúa con misericordia.

Así nos lo hizo ver genialmente Fructuoso, en el sermón e incluso insistió en ello a lo largo de toda la misa, llegando a repetir por tres veces, en el momento, antes de terminar la plegaria eucarística “Señor, danos entrañas de misericordia”.

Y en eso andamos, pidiéndole al Señor, por Jesucristo nuestro Señor que nos la conceda; pues no andamos sobrados de ella y además hace mucha falta en este mundo doliente.

 

III: Superar la dualidad

Al finalizar el curso[3], comencé a escribir  este artículo, pensando en una “trilogía de articulillos”,  a raíz de terminar de leer el libro, “Victimas del pecado” de José M. Castillo (Ed. Trota), y fijándome en las dos coincidencias antes mencionadas y tengo que reconocer humildemente, que me  metí  en un buen embolado; y de hecho no sabía cómo completar la tercera parte de esta “trilogía”. Al final, el largo y cálido verano, se abría ante nuestros ojos y poco a poco se ha ido fraguando el material, con el que “puedo” completar este trabajo.

No voy a comentar las cartas católicas 1ª, 2ª y 3ª de Juan. El P. Rafael, nos lo explicó estupendamente.  Llama la atención la división que había entonces entre las diversas comunidades, que creían en Jesucristo, nuestro Señor. Entonces, ahora y siempre en la historia, división que ha llevado a cruentas guerras. División en la política, economía, sociedad... no hace falta enumerar, cualquiera puede verlo.

Pues bien: Leyendo a E. Martínez Lozano, he vislumbrado la causa de tal proceder histórico. Según este autor “Hace 3500 años, la humanidad ha entrado, colectivamente en, en la fase del ego individualizado, autoconsciente: una fase ya claramente personal. La conciencia humana ha evolucionado hasta constituir un sujeto individual, un ego único y separado de todo y de todos” Y este mismo autor en el libro “Vivir lo que somos, cuatro actitudes y un camino” (Ed. Desclée de Brouwer), en las páginas 72-73 afirma: “El “yo” que carece de fundamento en sí mismo ve al otro como un ser separado. Y dado que la mente no puede operar sino es fraccionando la realidad, el pensamiento dualista es inevitable y, con él, la dicotomía del “o yo o tú”, “o nosotros o ellos”; dicotomía insuperable mientras permanezcamos en el pensamiento, porque ... la mente crea necesariamente una pantalla opaca entre tú y tú y entre tú y los otros; dicotomía además, que encierra un potencial sumamente peligroso ... No es extraño que con este tipo de pensamiento se acabe en la crispación o en el enfrentamiento militar.

La psicología profunda nos enseña que toda dicotomía simplista entre el bien y el mal no es sino un reflejo del mecanismo psicológico de la sombra (colectiva)... Al Qaeda y la Administración Bush (según D. Loy) no son sino dos versiones diferentes de la misma guerra santa entre el bien y el mal ... No debemos olvidar que una de las causas principales del mal en este mundo ha sido el intento humano de erradicar el mal.

Al actuar de ese modo, olvidamos que, en realidad, la lucha tiene lugar en el interior de cada uno de nosotros. Por eso, sólo el reconocimiento del “otro” como un igual y el desarrollo de una relación de mutuo enriquecimiento podrá ser la solución. Todos los sabios han trasmitido esta lección. ... “No devolváis mal por mal” recomendaba Jesús”.

Esta misma conciencia “egóica”, es la que nos hace ver a Dios separado de nosotros mismos, como “otro”, sin caer en la cuenta que “Somos templos vivos del Espíritu Santo”, es decir, que Dios es/está en mi, que es “atemporal” y por la misma causa, está en todos. Aquí tiene sentido la cita de Mt 25, 40 “Lo que hacéis al otro a mí me lo hacéis...” Teniendo en cuenta esto, tiene sentido “Santificar el momento presente”, tiene sentido la cita evangélica “El Padre y yo somos uno”.

Dios está en el “presente”, así lo han visto los místicos. La mente no puede encontrar a Dios, bien lo vio Santo Tomás, cuando ordenó quemar sus escritos al final de su vida. A Dios hay que sentirlo, más que adorarlo. De esta manera podemos tener “entrañas de misericordia

En la última entrevista a la pregunta “Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?”, el papa Francisco contesta: “... tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por decirlo así es hoy. Por eso las lamentaciones jamás nos ayudan a encontrar a Dios. Las lamentaciones que se oyen hoy sobre cómo va este mundo “bárbaro” acaban generando en la iglesia deseos de orden, entendido como pura conservación, como defensa. No: hay que encontrar a Dios en nuestro hoy”.

Cuando clamamos  “¡Ven Señor Jesús!” estamos rogando, de forma inconsciente,  superar este estado dual y conflictivo y, aunque me salga del terreno religioso, puede que estemos cerca de ello. La humanidad está a punto de cambiar de paradigma.  Y vuelvo a citar a E. Martínez Lozano: “Según K. Wilber estamos a punto  de que el “yo-racional” dé paso al “yo-integrado”, en la persona que ha integrado y unificado las dimensiones de cuerpo-mente-imagen-sombra-ego. Si bien este proceso se ha dado a lo largo de la historia humana en personalidades individuales”.

Mientras tanto, hemos de tomar una actitud humilde, como el publicano de la parábola. Sólo así podremos hacer de “buenos samaritanos”, con “entrañas de misericordia y cuando recibimos a Jesús Sacramentado, no olvidar, como dijo nuestro obispo D. Carlos en el encuentro de cofradías de Villoria, que recibimos, al enfermo, al emigrante, al pobre, ... en definitiva al “otro”.

Pedro Becerro Cereceda



[1] Después de 12 años, he  encontrado estas notas, olvidadas en el disco duro de mi ordenador

[2] Fructuoso Mangas Ramos fue párroco de la Purísima, junto con José Manuel Hernández, hasta el año 2014. Sus sermones eran geniales por su contenido y la forma de comunicarlo. Falleció, víctima del covid 19 al comienzo de la pandemia en 2020

[3] Curso 2013/14